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San Blas, obispo y mártir (3 de febrero)

 

   Para ejecutar esta sentencia fue necesario salir a la caza de leones y tigres. Y el asombro de los cazadores fue que no había ninguno en todos aquellos montes. Por fin supieron que las fieras estaban en la cueva para recibir la bendición de San Blas y corrieron a comunicar a Agrícola este estupendo suceso.

  

   El gobernador mandó que le trajesen a Blas. Cuando estaba de camino hacia el palacio, una mujer le pidió al santo que le sacase a su hijo una espina que se le había clavado en la garganta y que le ahogaba. Así lo hizo el santo obispo y de ahí que se le invoque todavía hoy para los males de garganta. Apenas llegado ante el tribunal, Agrícola le mandó sacrificar a los dioses del Imperio. Pero Blas le respondió que no eran más que trozos de piedra o barro. Irritado, el gobernador ordenó que le sometieran a tortura. Pero nada pudieron contra él los verdugos. Quisieron ahogarle en una laguna, pero él anduvo sobre las aguas y se ahogaron sus perseguidores. Finalmente, oyó San Blas una voz que le convidaba a recibir la corona del martirio. Salió al instante de la laguna y apenas pisó la tierra, el gobernador le mandó cortar la cabeza en el año del Señor de 316.

(Biografía extraída del libro de Luis Carandell, El santoral).

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